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Mar, 10/01/2012 - 19:54

Desafío analítico

Llevamos meses buscando el punto de inflexión de la actual crisis. Y por desgracia no sólo no lo encontramos sino que cada semana que pasa se produce un deterioro de las expectativas de crecimiento para el conjunto del Área euro.

Las previsiones de caída del PIB en 2012 se han generalizado para la práctica totalidad de países que comparten el euro, por lo que, todavía más, se intensifica el debate sobre la conveniencia de la disciplina fiscal en un contexto de desapalancamiento de la práctica totalidad de agentes y de escaso crecimiento de los precios (¡qué bien les vendría a algunos gobiernos algo de inflación!). Pero es que, además, se imponen severas reglas para los ratios de solvencia del sistema crediticio, no tanto por los criterios cuantitativos, sino por el reducido margen de tiempo que se otorga para alcanzarlos. Tal vez, ese es nuestro deseo, la terapia funcione y dentro de unos años se pongan como ejemplo las prácticas seguidas en la UME, pero reconozcamos que, de momento, tenemos más miedo de que nos estemos equivocando y de que, en caso de que así sea, el coste vaya a ser muy elevado.
Algunos analistas apuntan a que las medidas actuales son las que recomendábamos a las economías emergentes desde mediados de los ochenta y, especialmente, tras la crisis asiática de 1997-1998. ¿Acaso nos gusta menos cuando somos nosotros los que tenemos que tomar la medicina?, ¿acaso no han funcionado en economías como las latinoamericanas, las asiáticas y algunas de Europa del Este? Aceptando que varios de los desequilibrios de entonces de Brasil, Rusia o Tailandia eran distintos a los de hoy de Grecia, Italia o España, no cabe duda de que las economías emergentes se configuran como el motor del crecimiento mundial en 2012 (aunque no sólo, como luego veremos).
Es verdad, también dominan las revisiones a la baja en las previsiones (y algunos casos son preocupantes, como el de Hungría), pero se siguen manejando tasas de avance del PIB de entre el 5% y el 7% para China e India, y algo más modestas para Rusia y Brasil (2%). Menor crecimiento, sí, pero suficiente como para pensar que pueden ejercer de bálsamo a la contracción de la demanda interna de la UME (el caso español es bien claro, con una aportación neta del sector exterior que podría seguir siendo del orden del 1%-2%). Pero en mi opinión el verdadero “riesgo al alza” en 2012 está en Japón y, especialmente, en EEUU. Sendas economías podrían sorprender este año por una mejoría en sus perspectivas de crecimiento y avanzar en el rango 2,0%-2,5%. Los indicadores de la primera potencia mundial apuntan en esa dirección. Con un mercado inmobiliario que ya no sólo no resta al PIB sino que aporta, los indicadores del mercado laboral podrían estar generando una señal de punto de inflexión (¡aquí sí!) por lo que el consumidor estadounidense podría seguir aumentando su gasto, cerrando la crisis sin que se haya observado un proceso de aumento del ahorro aunque sólo sea por motivo precaución. Pero es que además, en claro contraste con el Área euro, la corrección del déficit fiscal es muy tímida, y estaría vinculada en mayor medida a la recuperación de los ingresos públicos por la propia reactivación económica que a las medidas tomadas por las autoridades.
Y aunque las políticas monetarias de la Reserva Federal y del BCE empiezan a converger (porque las del BCE se aproximan cada vez más a las de la Fed) todavía las separan una importancia distancia tras la cual puede esconderse uno de los factores depreciadores del USD frente al EUR que tanto ha favorecido a EEUU. En definitiva, 2012 se presenta como un nuevo desafío intelectual, de gran riqueza analítica por la distinta posición cíclica de los principales bloques y por la disparidad de las medidas tomadas. Lástima que este enorme atractivo intelectual coexista, al menos para los españoles, con un entorno económico tan adverso.

David Cano es director general de Afinet Global EAFI.

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