Mié, 15/02/2012 - 21:38
El primer ARCO sin Antoni Tàpies
La última obra del artista catalán está a la venta en la feria de arte contemporáneo madrileña.
Primera lección: saber dónde se está. Si el visitante de ARCO —nuestra feria de arte contemporáneo más internacional— no sabe de qué va la película quizá salga de allí tal y como había entrado. Por tanto, el paso previo a recorrer los tres pabellones del recinto ferial de Madrid es asimilar el concepto. ARCO no es un museo, es una feria. Por tanto, en ARCO todo está a la venta.
Fíjese hasta qué punto esto es así, que incluso las obras que han sido realizadas directamente sobre el pladur de los stands se pueden comprar. Sí, sí: se lo desmontan y se lo llevan a casa.
"Se están buscando fórmulas para que cuando estas obras no se vendan no se pierdan para siempre", nos explica Sergio Delgado, experto en arte contemporáneo y guía en esta feria. Agárrese: cuando estas pinturas ejecutadas en el lienzo de un stand no consiguen comprador desaparecen bajo una capa de pintura que devuelve al soporte el aspecto de estructura ferial. "Es inimaginable la de obras que se han perdido en estos stands", se lamenta Sergio Delgado.
Un drama, sobre todo teniendo en cuenta lo que nos cuenta este guía al iniciar el tour por ARCO. "Aquí somos testigos de algo que no se sabe todavía. Quizá un porcentaje mínimo de estos artistas consiga aguantar el paso del tiempo". ¿Se imagina haber perdido un Tàpies en un pedazo de pladur?
'In memoriam'
De acuerdo. El ejemplo es malo. El tàpies se hubiera vendido. Lo que nos lleva a hacer una nueva reflexión: primer ARCO sin Tàpies. Y como su muerte ha sido tan cercana al evento, tampoco se ha hecho un especial hincapié en el asunto. Sí existe en el pabellón 10 un pequeño apartado dedicado al catalán. También puede verse su última obra (valorada en casi 300.000 euros). Y en el cubículo de Lelong, galería parisina ligada para siempre a la trayectoria de Tàpies, hay un espectacular cuadro parido por su ingenio. "Es desgarrador. Hay que entrar en el juego de que, haga lo que haga el artista, vamos a percibir una sensación", dice Delgado.
Ayer, inauguración sólo para profesionales e invitados, los pasillos ya estaban repletos. Todo un espectáculo para la vista. No lo olvide, ARCO también es una pasarela de moda: el 50% de los hombres lleva fular.
Y lo mejor de todo: encontrarse con los artistas tomándose un café en el stand o exhibiendo la mejor de sus sonrisas a los potenciales compradores que exigen una explicación de su obra. Algo así como: "Si consigues que lo entienda, a lo mejor te lo compro".
Mucha tela que cortar
Pero sigamos con la visita, que son 215 galerías y hay mucha tela que cortar. En el pabellón 10 se encuentra la de Elvira González, una de las más prestigiosas de Madrid. Allí se muestran desde un inmenso barceló hasta las fotografías del famoso autor Robert Mapplethorpe.
En la galería Juan Silió, algunos metros más allá, hay algo muy curioso. Spaceport, fotografía híbrida del artista Michael Najjar (presente ayer junto a su obra), y una especie de pieza de nave espacial pendiendo del techo. Es una escultura que trata de establecer una relación directa con la fotografía, en la que Najjar ha inmortalizado el lugar de Nuevo México desde el que saldrán las aeronaves con los primeros turistas a la Luna. Él será uno de ellos.
Si quiere comprobar por usted mismo que el artista Eugenio Merino ha introducido a Francisco Franco en una nevera de Coca-Cola, vaya al stand de la Galería ADN. ¿La verdad? Da un poco de yuyu.
Más curiosidades: el cubano Adrián Melis expone en la galería de al lado fotografías en las que retrata la ociosidad de la gente en sus puestos de trabajo. No conforme con eso ha pedido a los protagonistas que relaten lo que sueñan en estos ratos improductivos y ha metido los papelitos en cajitas, también expuestas.
Un 'bacon' de 15 millones
No se puede ir de ARCO sin visitar la galería Marlborough, todo un referente en el panorama internacional. Allí está la joya de la corona, escoltada por obras de Manolo Valdés y de Botero: un Estudio del cuerpo humano de Francis Bacon. Lo venden por 15 millones de dólares y es la pieza más cara de la feria.
El espacio Opening, dedicado a las galerías europeas menores de siete años, sirve para tomar el pulso del camino del arte. Sigue en marcha el proyecto First Collector, con especialistas que asesoran a jóvenes que quieran iniciarse en el mundillo.
Esto se acaba, pero hay mucho más. ¿Recomendaciones? Le sacará más partido a ARCO de la mano de un experto.

