Jue, 12/01/2012 - 20:05
El Tesoro aprovecha la caída de los tipos y emite el doble de lo previsto
Coloca 10.000 millones de euros respaldado por la confianza del mercado
Ni los expertos más optimistas habían previsto el resultado de la subasta de deuda pública española de ayer. El mercado demostró su confianza en el nuevo Gobierno y permitió al Tesoro colocar casi 10.000 millones de euros, el doble de lo previsto inicialmente, en Bonos a tres y cuatro años, con un descenso de la rentabilidad.
Precisamente, esta caída del interés marginal de los títulos fue la razón por la que el organismo dirigido por Soledad Núñez decidió duplicar la oferta final y emitir 9.980 millones de euros frente al máximo de 5.000 millones que se habían fijado como objetivo.
En concreto, colocó 4.271,77 millones de los 7.677,28 millones solicitados por los inversores en Bonos a tres años, cuyo interés marginal se redujo un 11,8%, al pasar del 4,058% alcanzado en la subasta celebrada el 15 de diciembre, al 3,576%.
Asimismo, adjudicó 2.503,18 millones de los 5.532,18 millones solicitados por el mercado en bonos con vencimiento en abril de 2016, cupón del 3,25% y un interés marginal del 3,883%. Por último, emitió 3.211,22 millones de los 5.492,32 millones demandados en títulos con vencimiento en octubre de 2016, cupón del 4,25% y un tipo del 3,949%.
La elevada demanda, que ascendió a 18.700 millones de euros, lo que supone una ratio de cobertura de 1,8 veces lo adjudicado finalmente, fue la que permitió rebajar la rentabilidad de los títulos y constituye una señal de que los inversores aprueban y confían en los duros ajustes contra el déficit que ha anunciado el Gobierno de Mariano Rajoy. De hecho, el propio Ejecutivo aseguró ayer que tanto el buen resultado de la puja, como la relajación de la prima de riego respecto al bono alemán a 10 años a 330 puntos —21 puntos menos respecto al cierre anterior— ha sido "la primera respuesta de los mercados a las medidas adoptadas".
Aunque también influyen otros factores como la liquidez puesta en el sistema por el Banco Central Europeo (BCE). "Esta era la primera subasta de bonos a medio plazo tras las nuevas medidas tomadas por el nuevo Gobierno para reducir el déficit, pero, sobre todo, era la primera emisión de estas características tras la inyección masiva del BCE de 491.000 millones de euros a finales de diciembre. Parece que está funcionando la estrategia de permitir que los bancos europeos adquieran liquidez para afrontar vencimientos y facilitar la financiación de los Estados con problemas", afirma Daniel Pingarrón, analista de IG Markets.
El responsable de la mesa de deuda de Ahorro Corporación, Javier Ferrer, destaca que esta fórmula puesta en marcha por el BCE, permite que se lleve a cabo una actividad conocida como carry trade, que permite a los bancos financiarse o pedir prestado en activos de bajo rendimiento para invertir en instrumentos de alta rentabilidad y quedarse con el margen. "Las entidades se financian al 1% en el BCE e invierten posteriormente a intereses mayores en deuda soberana española o italiana", expone.
Asimismo, la ligera mejora de la confianza en la economía de la zona del euro, después del acuerdo de integración fiscal, también ha influido en la subasta de ayer. "Las matizaciones que empezamos a escuchar a nivel europeo con respecto a la crisis han contribuido también. La Canciller alemana, Angela Merkel, habla de buscar medidas para favorecer el crecimiento y, en general, se acepta que la solidaridad financiera puede tener más recursos si se cumplen los ajustes fiscales", subraya José Luis Martínez, estratega de Citi en España.
Plazos atractivos
Martínez argumenta también que el plazo de las emisiones subastadas era atractivo para los inversores. "Son vencimientos cortos y medios que pueden ser más interesantes para las carteras frente a los largos", considera. Aunque, no obstante, el mercado muestra, según Daniel Pingarrón, un comportamiento "errático", ya que compra tanto valores considerados seguros, como los títulos alemanes —el pasado lunes, el Tesoro germano colocó Letras a seis meses con una rentabilidad negativa— como españoles o italianos, que entrañan más dudas. "Los inversores no establecen prioridades por activos de riesgo o seguridad y impide generar un escenario de confianza", remarca.

