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Antonio Pérez Henares

Las ferias de Sevilla... según les va

Los populares andan ahora por la suya tan contentos en el mismo lugar del que volvieron, solo hace un fandango, los socialistas en un “quejío”. Sevilla, sinónimo de feria donde las haya, es su símbolo, su metáfora y su destino.

Allí, justo antes de las elecciones municipales y autonómicas, escenificaron los unos el impulso que les ha llevado a las mayores cuotas de poder de toda su historia, que esperan rematar el 24 de marzo en las elecciones de Andalucía con posible propina en Asturias y allí cantaron por bulerías los otros su bajada a los infiernos donde han les queda descender al último de los círculos dantescos de la perdida absoluta.
Mariano Rajoy era hace poco menos de cuatro años, en junio de 2008, un líder cuestionado, tambaleante, acosado mediáticamente y vapuleado por las conspiraciones internas. Duro aquel Congreso en Valencia, duro tras la última derrota nacional sufrida, muy duro para el perdedor al que muchos consideraban acabado. Por delante un calendario peligroso y decisivo. Sobre todo en su primer envite, las elecciones gallegas y vascas. Si no conseguía el poder en su tierra y se daba el batacazo en la vasca, y todo parecía indicarlo, su suerte estaba echada. Aunque él, y de eso soy testigo, tenía la firme voluntad de aguantar y vista su trayectoria y modos, un cuajo que su moderación hace que confundan con pusilanimidad, posiblemente lo hubiera hecho. Estuvo en un tris aquella tarde y las encuestas primeras tocaban a clamores. Pero las urnas campanearon otra verdad: mayoría absoluta en Galicia con Feijóo (se habían currado los dos amigos, que lo son, como desesperados aquella campaña) y fuerza decisiva para arrebatar la lendakariza al PNV con Basagoiti en Euskadi. Y los dos claras apuestas rajoyanas.
Aquella noche cambió el viento, que siguió soplando a favor en la europeas. Por primera vez, desde el 2004 en una nacionales el PP doblegaba al PSOE de Zapatero (23 escaños a 21) y algo más tarde, ya en 2010, en el imposible territorio catalán con otra apuesta en su línea, Alicia Sánchez Camacho, se aupaba a los 18 diputados, a la tercera posición, con CiU ganador pero sin mayoría y el PSC despeñándose desde el poder hasta la sima.
Sevilla fue en el 2011 la ciudad elegida para el mensaje de triunfo en lo que iba a ser el asalto definitivo. Con un factor añadido: la recuperación de un Aznar reservón y a la contra, al que se reconocía y abrazaba y en correspondencia él cerraba cualquier fisura. Nadie dudaba ya de un triunfo pero había plazas que lo podían rebajar o hacer esplendoroso . La Comunidad de Castilla-La Mancha, feudo socialista de por vida, donde además la candidata era la nº 2 y Secretaria General, Maria Dolores de Cospedal que se jugaba la piel política en el empeño y la ciudad de Sevilla. Las ganaron y de postre todas las capitales andaluzas y, de guinda, Extremadura. La victoria podía haber sido por bastante, por mucho o por todo. Y fue por todo.
Las generales solo tuvieron la duda de hasta donde iba a llegar la mayoría. Fue por más de 15 puntos, con el PSOE en derribo, y por la absoluta. Y así vuelven a Sevilla. Con toda esa feria ganada, con los farolillos listos para encenderlos en la caseta que aun falta precisamente allí mismo, en la última almena del enemigo, la que parecía inexpugnable y ahora está al alcance de la mano.
Pero el Congreso del PP no ha sido una celebración de nada. Tienen todo el poder territorial y nacional. Pero tienen que gestionar una ruina. Tienen en sus manos un país que se cae en pedazos y donde tienen que pagar las deudas que otros les han dejado –y ahora les exigen resultados inmediatos- y enderezar un rumbo de paro, desahucios y hasta miseria para millones de españoles que hace no tanto creían y se les hizo creer que esto era Jauja.
Porque más allá de la Feria de Sevilla, el Gobierno prosigue en lo suyo, que cada vez parece más oscuro y complicado. Pero los pasos se van dando. El disgusto de la subida de impuestos ya está consagrado, la reforma financiera ha sido bendecida hasta por los adversarios y es en la laboral donde va a librarse la primera gran batalla. Comienza con la de contar en el callejeo de mañana. Los sindicatos se lo piensan porque no se ven muy sobrados(aunque el de la UGT madrileña si lo va en sueldos) y la jugada de Rajoy, cuando se pensó que le habían pillado anunciando la huelga en contra, les tiene un algo pillados. Desde luego y como poco aquello se la ha retrasado. Pero llegará el piquete.

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