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Editorial

Ganar tiempo o morir súbitamente

Por fin se llegó a un acuerdo sobre Grecia en el seno del Eurogrupo en la madrugada del martes y tras 14 horas de negociación.

Atenas accederá al segundo rescate, de 130.000 millones,  y a cambio cede soberanía, ya que tendrá que dedicar esa ayuda exclusivamente al pago de la deuda y acoger una misión de la troika (UE, BCE y FMI) que supervisará la gestión presupuestaria. Una intervención que se hará extensiva a cualquier país del euro que la Comisión Europea considere que atraviesa graves problemas. Entonces, ¿final feliz para Grecia? Final no, patada hacia adelante. El acuerdo sirve para ganar tiempo (comprar tiempo dicen los anglosajones). Hay observadores que manifiestan que se trata de tener margen hasta que los bancos estén en mejores condiciones para aguantar una quiebra del país. Pero la alternativa era letal: la muerte súbita; una quiebra desordenada que podría haber desembocado en corridas bancarias y contagio a otras economías, como la española. De momento se ha logrado salvar el match ball del 20 de marzo cuando vencen 14.500 millones de bonos de Estado heleno. Pero aún quedan muchos sacrificios y mucha desconfianza, porque numerosos países europeos no se fían de que Grecia vaya honrar sus compromisos. La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, se refirió a a ello con elegancia: "El éxito de esta estrategia [el segundo rescate] depende de forma crucial de su implementación política completa y a tiempo por parte de Grecia y del apoyo a largo plazo de los Estados miembros de la zona del euro". El acuerdo llega dos años tarde, según el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, pero agua pasada no mueve molinos. Lo que sí puede hacerse todavía es aumentar el fondo de rescate europeo hasta un billón de euros, como propone precisamente la OCDE, algo que también agradaría al FMI.

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